La temática elegida este año por Comparsa Imperio está teniendo repercusión nacional más allá de los límites propios de la fiesta. Y es noticia en los medios nacionales.
"El carnaval es tiempo de unión con la comunidad afro en Concordia", tituló Página/12, el artículo que hace referencia al Carnaval de Concordia.
"Reconocida por su calidad artística, despliegue de color e historia, Imperio, centrada a menudo en legados culturales", escribe la periodista Laura Haimovichi, "entre brillos, plumas y el aplauso del público, Imperio contó con alegres sonidos de tamboriles la historia del pueblo sin derechos, que se lanzó al mar o al monte, y dejó su herencia en algunos tangos o minués".
"Los trajes fueron majestuosos y las coreografías, impecables. Danzas y percusión homenajearon a los Manecos", escribe la periodista haciéndose eco de lo que ocurre cada sábado en el Corsódromo Atanasio Bonfiglio con la propuesta que ofrece Comparsa Imperio.
Texto completo de la nota publicada en la edición de este martes 10 de febrero:
La comparsa Imperio desfiló junto al pueblo Maneco el fin de semanaEl carnaval es tiempo de unión con la comunidad afro derechos.(Por Laura Haimovichi)
El eco se volvió grito, la sombra se convirtió en cuerpo y el abrazo en realidad. Ocurrió durante este fin de semana entre los integrantes de la comparsa Imperio, de Concordia, Entre Ríos, y una delegación del pueblo Maneco, que asistió al carnaval de Concordia, al iniciarse el anochecer.
Reconocida por su calidad artística, despliegue de color e historia, Imperio, centrada a menudo en legados culturales, invitó a los Manecos a sumarse a la fiesta del carnaval, en el corsódromo de esta ciudad. En el desfile, entre brillos, plumas y el aplauso del público, Imperio contó con alegres sonidos de tamboriles la historia del pueblo sin derechos, que se lanzó al mar o al monte, y dejó su herencia en algunos tangos o minués.
Los trajes fueron majestuosos y las coreografías, impecables. Danzas y percusión homenajearon a los Manecos. Con su largo cabello trenzado y enfundada en ropa blanca, Romina Duré Melgarejo participó de la celebración ofrendada a los afrodescendientes. “Estamos muy emocionados, es muy importante que se visibilice a nuestro pueblo”, dijo a Página/12 la representante del colectivo Negra Identidad.
Romina integra la comunidad afrodiaspórica en Ingeniero Sajaroff y Villa Domínguez, Entre Ríos. La joven forma parte de un grupo familiar y representa a la tercera generación libre. Los Manecos han estrechado lazos sólidos con la comparsa Imperio. El linaje se hace presente, lo que antes era un susurro de la memoria, ahora se convierte en rugido.
“Somos catorce personas que vinimos a compartir la fiesta”, dijo vestida, como el resto del grupo, con colores claros. El objetivo: afirmar y mostrar la presencia del pueblo esclavizado y negado desde hace más de quinientos años, e los tiempos de la conquista.
No se trata sólo del color de la piel. Ser negro para Duré Melgarejo significa autodefinición, autodeterminación, dignidad y pertenencia a un pueblo. “Nombrarnos negras y negros no sólo como un adjetivo, sino como un nombre propio”, dice.
Aunque es silenciado por las autoridades nacionales, el 8 de noviembre se conmemora el Día Nacional de los Afroargentinos, en honor a María Remedios del Valle, capitana del Ejército del General Belgrano en la gesta patriótica. Se trata de un reconocimiento al componente afro en la cultura nacional y un llamado de atención acerca de la necesidad de impulsar la participación de los descendientes de africanos en la vida sociocultural de la Argentina. Asimismo, el 1° de mayo es el día del afroentrerriano, jornada en la que año a año se realiza una “Rueda de la Memoria” en repudio, además, a la decisión del gobierno nacional de volver a llamar “Día de la Raza” al 12 de octubre.
Como los pueblos originarios, que sufrieron vejaciones, persecución y genocidio, así ocurrió también con los afro. La esclavitud devino racismo contra los marrones y los negros. Desde la tribuna y en las calles, el carnaval de Concordia los reivindicó.
Gran parte de la población afroamericana se instaló en el campo, cuenta Romina Duré Melgarejo. La mayoría de los hombres se dedicó a trabajar la tierra y a ejercer como mano de obra en las cosechas. Las mujeres eran asignadas al servicio de la casa, en los cascos de estancia.
Un afrodescendiente cuyo origen se suelen omitir fue el sargento Juan Bautista Cabral (1789-1813), correntino, hijo de esclavizados, que se convirtió en héroe al salvar la vida del General San Martín en el combate de San Lorenzo (1813) y ser asesinado. Era un soldado raso de origen humilde y mestizo. Olvidados e invisibilizados, los afrodescendientes de Entre Ríos luchan para conservar la tradición reconstruyendo su historia. Los Manecos remiten a Manuel Gregorio Evangelista, un esclavo que se fugó del sur de Brasil en años previos a 1872 y llegó a Entre Ríos, luego de atravesar el río Uruguay. Maneco es la forma de decir Manuel en Brasil. Como todo camino a la libertad, el de Evangelista fue largo y peligroso. Al llegar a Entre Ríos, otro Evangelista, Valentín se instaló en San Jorge y luego Manuel lo hizo en Capilla, hoy Ingeniero Sajaroff.
Evangelista se casó con Lorenza Pintos, una afrouruguaya. Él figura como “extranjero” y ella como “natural del Uruguay” en los documentos. Tuvieron 13 hijos registrados en las actas de bautismo en la categoría “Negro”, entonces discriminatoria y hoy reivindicada.
Al comenzar el siglo XX formaban ya una familia. Crecieron y fueron una comunidad. Convivieron con otros afrodescendientes y criollos cercanos, y también con ramas familiares de apellidos tanto franceses como italianos. Pero los Manecos adquirieron una forma de nombrarse y de hacerse nombrar. De ser etnia a cultura local. Existen registros orales de sus descendientes sobre la musicalidad como un núcleo central: la presencia de tambores y tamboriles fue notoria y de marcada identidad para la comunidad, así como los bailes, hasta entradas las primeras décadas del 1900.
Ese devenir identitario ocurrió en paralelo con un contexto político transformador. Hacia 1861, la esclavitud en la Argentina ya se había abolido, al integrarse Buenos Aires a la Confederación y ratificarse la Constitución de 1853, que promovió la inmigración europea. La población argentina no era blanca, sino indígena y negra.
Mientras Evangelista trabajaba como jornalero y se unía a otras comunidades afroargentinas y afrouruguayas, ese proceso los rozaba muy de cerca. En las áreas rurales próximas a la entonces Capilla, donde él y su familia vivían, fueron llegando colectividades europeas y hacia fines del siglo diecinueve, inmigrantes judíos. Así crecieron Villa Domínguez, San Gregorio, Villa Clara. Las investigaciones realizadas muestran evidencias de convivencia entre los colonos migrantes y las comunidades afrodescendientes. Algunas fotos del archivo familiar de los Evangelista sugieren que hubo encuentros: en la investigación “Afrodescendientes en Entre Ríos” (2017), el tío “Sanso” –descendiente de Manuel Gregorio– posa con un bandoneón junto a dos hombres blancos, en tiempos en que el chamamé y la polca marcaban el ritmo local.
Con el paso del tiempo, los manecos y otras comunidades fueron progresivamente invisibilizadas. “El indígena, el afro y el criollo pasaron a ser una minoría no solo numérica, sino también simbólica”, dice un pasaje de la investigación “Oralidades y materialidades afrodescendientes de Ingeniero Miguel Sajaroff, una aproximación antropológica” (2022), de Pablo Cirio, Cristina Lallami y Alejandro Richard.
El llamado Galpón de los Manecos era un caserío de ranchos de adobe y techos de paja donde vivían los numerosos descendientes de Evangelista. Se trataba de un conjunto de viviendas donde solía escucharse música de tambores y de cantos.
Hasta 2020, el cementerio de los Manecos, en Sajaroff, era un basural y fue rescatado por un equipo de arqueólogos, para luego ser reconocido por su valor patrimonial. Están dando los pasos legales para convertirse en una asociación y han solicitado permiso a sus mayores para acompañar a la comparsa Imperio, donde participan unas cuatrocientas personas.
El Cementerio de Los Negros, como espacio sagrado, ocupó un lugar central en la vida espiritual e histórica de la comunidad. “En 1953 se produjo una gran epidemia de poliomielitis, y para ahuyentarla, se realizó una procesión desde La Capilla hasta Villa Clara (a unos13 km). Se quitó la cruz central del cementerio y se la llevó al frente de la procesión encabezada por María (hija menor de Manuel Evangelista)”, describe un pasaje del artículo “Afrodescendientes en Entre Ríos. Oralidad y arqueología histórica en torno al caso de Ingeniero Sajaroff”, de Alejandro Richard y Cristian Lallami (2017).
La cruz alzada evoca procesiones con santos negros y sincretismo religioso en Brasil, donde tienen una profunda raíz popular con elementos de religiones de matriz africana. São Benedito es uno de los santos más venerados y las fiestas en su nombre se acompañan con procesiones, música y danzas. María, hija menor de Manuel Gregorio y Lorenza, tenía un santo negro.
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