(Columna de Opinión - Por Fernando Zapata) *
Mucho solemos ver y escuchar, leer y escribir, en la Argentina actual, como ciudadanos y como sociedad, como trabajadores y como pares de una misma cultura, acerca de la crisis civilizatoria actual, sobre los disvalores antisociales tan predominantes (como el retorno de la violencia, la intolerancia y la falta de respeto al pluralismo), en cuanto a los enormes avances tecnológicos y los estancamientos en cuanto a los principios democráticos y humanitarios (como los abusos de poder y de autoridad, las tiranías demagógicas y elitistas de muy variados signos ideológicos).
Sin embargo, en principio, es preciso realizar una necesaria autocrítica en referencia a nuestras vidas personales y colectivas, sin reflexionar en función de la apatía, de la indiferencia, del individualismo, de la incoherencia, del escapismo y de la ausencia de participación, poca o nula, en muchas de nuestras actitudes cotidianas.
La Política, entendida como una Ciencia, puede contribuir como una herramienta de análisis y de crítica, de debate y de elaboración de propuestas posibles, tendientes a aportar a una idea de Bien Común, de cierta mejora de las condiciones de vida en general, en pos de una convivencia entre disensos y consensos de ideas y de experiencias, de pensamientos y de acciones; sin embargo y muy lamentablemente, no es eso lo que viene sucediendo en estos tiempos y, muy particularmente, nuestro país, República Argentina, no es ninguna excepción al respecto.
Muchos de nuestros hermanos repudian a figuras de antaño como un Hitler, un Franco, un Mussolini, un Stalin, un Chiang Kang Shek y otras más actuales como un Trump, un Putin, un Lukashenko, un Nethanyahu y un sinnúmero de tiranos y déspotas de otros países, pero no suelen identificar ni repudiar a figuras locales y regionales como un Bukele, un Kast o un Miléi, por citar a algunos de tantos opresores al mando de Estados explotadores y represivos.
Varios de nuestros jóvenes desconocen gran parte nuestra historia, de nuestra evolución socio-cultural, del impacto brutal que significaron los genocidios cometidos hacia comunidades aborígenes, hacia contingentes de prisioneros esclavizados y hacia criollos expoliados y mancillados, en situaciones laborales casi infrahumanas, sin derecho ni garantía alguna, sin representaciones legales reconocidas, sin otra alternativa más que la rebelión masiva y en total desigualdad de condiciones, ante el monopolio de la fuera ejercida los opresores y esclavistas de aquel entonces.
Varios de nosotros, aún hoy, no sabemos qué es lo que está sucediendo actualmente en las resistencias político-sociales y gremial-sindicales en Estados Unidos, en los movimientos democratizantes de Cuba, de Venezuela, de Nicaragua, y en varios países de Europa contra la OTAN, en Rusia, en Ucrania, en Turquía, en China, en Israel y en otras tantas zonas del mundo en que, hoy por hoy, los trabajadores y los movimientos democrático-populares enfrentan a regímenes explotadores y opresivos, sólo por citar algunos de tantos ejemplos.
Aquí, en Argentina, varios "representantes del Pueblo", "servidores públicos" y/o "funcionarios gobernantes", de muy dudosa extracción y de muy deplorable reputación ético-moral, de muy variado signo ideológico-doctrinario y hasta de muy distinto rango de autoridad, elegidos por mandato popular y en plenitud de un Estado de Derecho en vigencia, no suelen hacer nada más que degradar a la Política como Ciencia.
Varios de esos mal llamados "funcionarios y/o representantes", diseminados en múltiples áreas del Estado, en sus dependencias y en un gran sinnúmero de Instituciones, a lo largo y a lo ancho del país, ejercen abuso de poder, hostigando y agrediendo a disidentes y a adversarios, valiéndose de provocaciones, de asedios y de persecuciones, imponiendo gravísimas acusaciones, personales o de grupo, mediante presiones, prejuicios y expresiones degradantes e incongruentes, utilizando barbarismos infundados y sin prueba alguna, incluso mediante la irracionalidad, la burla, la ofensa o la agresión verbal, simbólica y/o física, sin ningún tipo de consecuencia jurídico-legal y, peor aún, con el beneplácito y el festejo de sus ruines grupos de pertenencia.
Tal situación alienada y ,a la vez, alienante, brinda un pésimo y muy deplorable ejemplo institucional al mismo Pueblo que los eligió, como supuestos "representantes", en general, y muy particularmente, a las jóvenes generaciones que no ya encuentran ni "buenos ejemplos", ni "modelos" a seguir ni, mucho, mucho menos, algún "futuro promisorio" en nuestra tierra y, tristemente, ya comienzan a pensar en desarraigarse y emigrar hacia otros distantes lugares, en búsqueda de algún porvenir más airoso y fecundo, lejos de sus raíces, de sus vínculos, de sus afectos y de sus seres queridos.
Ante semejantes atropellos, desde nuestra militancia del Socialismo Democrático en República Argentina, sostenemos que es preciso apoyar y acompañar a los diversos sectores opositores, contestatarios y disidentes que, en justa lucha democrático-social, vienen desarrollando en diferentes ámbitos de nuestro país, con muy pocos recursos y con muy básica estructura aún, pero con firme convicción y con creciente potencialidad de crecer y de avanzar, en favor de una Unidad y una Liberación que requerirá de la suma de nuevas voces y de la multiplicación de esfuerzos, articulados y mancomunados, por parte de amplios y muy masivos sectores de toda nuestra población.
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* Fernando Adrián Zapata,
profesor de Lengua y Literatura, gremialista, artista y escritor,
miembro político-sindical y artístico-cultural del Socialismo Democrático de Argentina,
nacido el 21/9/1975, en Concordia, Entre Ríos, República Argentina.

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