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Columna de Opinión: Tres elecciones que pueden cambiar el mapa del poder mundial (por Cr. Álvaro Sierra)

Por Cr. Alvaro Sierra *

Columna de Opinión : Tres elecciones que pueden cambiar el mapa del poder mundial

Brasil, Israel y Estados Unidos llegan a las urnas en pocas semanas.
Sus resultados no decidirán solamente gobiernos y mayorías parlamentarias: pueden alterar equilibrios regionales, alianzas internacionales y el rumbo político de los próximos años.

El cierre de 2026 puede convertirse en uno de esos momentos en los que varias elecciones nacionales, celebradas a miles de kilómetros entre sí, terminan modificando un mismo tablero geopolítico. En apenas veintitrés días votarán Brasil, Israel y Estados Unidos: Brasil tendrá su primera vuelta presidencial el 4 de octubre; Israel elegirá la Knesset el 27 de octubre; y Estados Unidos renovará toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado el 3 de noviembre.

No son tres elecciones iguales ni responden a las mismas causas. Tampoco puede afirmarse de antemano qué resultado producirán. Pero las tres llegan en un momento de guerras, tensiones comerciales, inflación persistente, tasas de interés elevadas, debilitamiento del multilateralismo y una creciente disputa entre proyectos políticos de signo diferente. Por eso conviene mirarlas juntas: no para adivinar ganadores, sino para comprender qué equilibrios están en juego.

Brasil: mucho más que una elección latinoamericana

Para nuestra región, Brasil es probablemente la elección de mayor impacto. Es la principal economía y el país más poblado de América Latina, miembro de los BRICS y un actor con capacidad para dialogar simultáneamente con Estados Unidos, China, Europa y el Sur Global.

La disputa llega extraordinariamente cerrada. Luiz Inácio Lula da Silva busca continuar en el poder y el senador Flávio Bolsonaro encabeza el principal desafío desde la derecha. Los sondeos publicados en septiembre muestran diferencias mínimas y, en distintos escenarios de segunda vuelta, ventajas de uno u otro candidato dentro del margen de error. Es decir: a pocos días de votar, el desenlace permanece abierto.

La importancia regional es evidente. América Latina ha registrado en los últimos años una sucesión de victorias de fuerzas de derecha y centroderecha en distintos países. Una victoria de Bolsonaro reforzaría esa tendencia y facilitaría una mayor convergencia política entre varios gobiernos de la región. Una continuidad de Lula, en cambio, mantendría en la principal potencia sudamericana un gobierno de izquierda y, con ello, un contrapeso político dentro de un mapa regional que se ha desplazado hacia la derecha.

Eso no significa que América Latina vaya a quedar dividida mecánicamente en dos bloques. Los electorados de la región suelen castigar a los oficialismos por economía, inseguridad y calidad de gestión, y no siempre responden a alineamientos ideológicos permanentes. Pero Brasil tiene un peso que ningún otro país latinoamericano puede reemplazar. Lo que ocurra allí influirá sobre Mercosur, BRICS, la relación con Washington y Beijing, la agenda ambiental y el equilibrio diplomático regional.

Estados Unidos: Trump no está en la boleta, pero su poder sí

El 3 de noviembre los estadounidenses celebrarán las elecciones de medio término. Se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado. Donald Trump no será candidato, pero políticamente la elección funcionará también como una evaluación de sus primeros dos años de este mandato.

El contexto económico es complejo. La Reserva Federal volvió a elevar en septiembre su tasa de referencia, llevándola al rango de 3,75% a 4%, ante una inflación que continúa siendo problemática. Los rendimientos de los bonos del Tesoro a diez años superaron recientemente el 5%, encareciendo el crédito y reflejando un escenario financiero exigente. A ello se agregan las consecuencias económicas y políticas de los conflictos internacionales y la discusión sobre aranceles, déficit, deuda y el papel global del dólar.

Trump llega además con un deterioro significativo de imagen: una encuesta Reuters/Ipsos de septiembre ubicó su aprobación en 32%, aunque conserva un respaldo considerable dentro del electorado republicano. Los sondeos sobre la elección legislativa muestran actualmente una ventaja demócrata en el voto nacional, pero eso no permite trasladar automáticamente porcentajes a bancas: la Cámara se decide distrito por distrito y el Senado, estado por estado.

La elección definirá, sobre todo, cuánto margen político tendrá la Casa Blanca durante los dos años siguientes. Si los republicanos preservan el control del Congreso, Trump dispondrá de mejores condiciones institucionales para continuar su agenda. Si los demócratas obtienen una o ambas cámaras, aumentarán los controles legislativos, las investigaciones y la capacidad de bloquear o negociar partes de esa agenda.

Hay además un actor nuevo en esta ecuación: el poder tecnológico. Grandes compañías y ejecutivos de Silicon Valley mantienen una relación mucho más estrecha con Washington que en otros períodos, aunque sería incorrecto afirmar que todo el sector tecnológico responde políticamente a Trump. Lo relevante es la concentración de capacidad económica, inteligencia artificial, plataformas y redes de comunicación en un número reducido de empresas. En una campaña donde la información circula a una velocidad inédita, ese poder privado se ha convertido también en una variable política.

Israel: una elección con consecuencias mucho más allá de Israel

El 27 de octubre Israel elegirá una nueva Knesset después de años atravesados por la guerra en Gaza, enfrentamientos regionales y una profunda discusión interna sobre seguridad, instituciones y el futuro político del país.

Benjamin Netanyahu intenta conservar el poder y consolidar a las fuerzas de derecha, mientras la oposición busca construir una alternativa. Las encuestas recientes muestran un escenario competitivo y, sobre todo, la dificultad de cualquiera de los bloques para garantizar por anticipado una mayoría parlamentaria. En el sistema israelí no alcanza con ser el partido más votado: la capacidad de formar una coalición de al menos 61 diputados es decisiva.

Las consecuencias exceden ampliamente la política doméstica. Una continuidad del bloque encabezado por Netanyahu implicaría previsiblemente mayor continuidad en las líneas centrales de seguridad y política exterior de su gobierno, aunque la composición de la coalición condicionaría sus decisiones. Una mayoría alternativa podría modificar prioridades y métodos, pero tampoco significaría automáticamente un cambio completo en la política de seguridad israelí.

Lo que decida Israel repercutirá en Gaza, Irán, Líbano, las relaciones con los países árabes y, necesariamente, en Estados Unidos. Por eso esta elección es también una pieza del tablero internacional.

Tres urnas y un mismo interrogante

Entre el 4 de octubre y el 3 de noviembre, tres de los países con mayor capacidad de incidencia en sus respectivas regiones tomarán decisiones políticas de enorme trascendencia. Brasil puede modificar el equilibrio ideológico y diplomático latinoamericano. Israel definirá la correlación de fuerzas de un país situado en el centro de uno de los conflictos más sensibles del planeta. Y Estados Unidos determinará cuánto poder legislativo conservará Trump para desarrollar su agenda interna y externa.

No corresponde convertir estas elecciones en una competencia entre buenos y malos ni suponer que un único resultado resolverá los problemas de cada sociedad. Tampoco es serio presentar encuestas como predicciones. Son fotografías de un momento y las tres contiendas conservan grados importantes de incertidumbre.

Pero hay algo que sí puede afirmarse: pocas veces tres procesos electorales celebrados en un período tan corto concentraron simultáneamente tantas consecuencias potenciales sobre América Latina, Medio Oriente y la principal potencia mundial.

Argentina frente al nuevo escenario

Para la Argentina, observar estas tres elecciones no debería ser un ejercicio de simpatías ideológicas. Brasil es nuestro principal socio comercial regional; Estados Unidos tiene una influencia decisiva sobre las finanzas internacionales, los organismos multilaterales y las condiciones de acceso al crédito; y lo que sucede en Medio Oriente repercute sobre la energía, los mercados y la estabilidad internacional.

Por eso, la Argentina debería estar pensando qué hará frente a cada uno de los escenarios posibles. Qué relación construirá con Brasil cualquiera sea su próximo gobierno; cómo se posicionará frente a un eventual cambio en el equilibrio de poder dentro de Estados Unidos; y de qué manera protegerá sus intereses económicos y diplomáticos ante una posible reconfiguración de Medio Oriente.

La política exterior de un país no puede depender exclusivamente de afinidades ideológicas entre gobiernos. Los gobiernos cambian; los intereses nacionales permanecen.

La verdadera discusión argentina debería comenzar, entonces, donde terminan estas tres elecciones: definir cómo insertarnos en el mundo que resulte de ellas. Anticipar escenarios, diversificar relaciones, defender nuestros mercados, atraer inversiones, preservar socios estratégicos y mantener capacidad de diálogo con quienes piensan diferente.

Entre octubre y noviembre, tres urnas pueden modificar una parte importante del tablero internacional. Argentina no decidirá esos resultados, pero sí puede decidir cómo prepararse para ellos.

Y quizás allí esté el verdadero desafío: dejar de preguntarnos con quién simpatizamos y comenzar a preguntarnos qué necesita la Argentina, cualquiera sea el que gane.

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* Cr. Álvaro Sierra, especialista en finanzas públicas. Presidente del partido político Compromiso por Concordia

(Fuente: El Heraldo)

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