¿Te acordás de esas tardes eternas en el ciber de la esquina, con el olor a tostados de jamón y queso, el ruido de los teclados mecánicos gastados y el grito de un amigo al fondo de la sala lanzando un "¡está en B, boludo!"? Si jugaste en la época dorada de los cibercafés en Ar…
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