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Análisis de la coyuntura política provincial: LLA, UCR, PRO y PJ

Una provincia atravesada

El politólogo Eduardo Medina analiza el escenario político que abre en Entre Ríos la era de Javier Milei. Las jugadas posibles para la UCR, el PRO y el peronismo.

Por Eduardo Medina (*)

tiempos de incertidumbre política

Las brumas del contexto político provincial empiezan a disolverse. Eso no significa que el futuro pueda verse con claridad, pero sí permite vislumbrar el mapa de actores y los posicionamientos y movimientos que cada uno empieza a realizar. Cuando se observa el cuadro general, se percibe que el poder circula con ritmo vertiginoso, sin atinar a detenerse por mucho tiempo en ninguna mano ni lapicera. Los liderazgos bien definidos son por ahora una quimera. Las estructuras partidarias crujen y crujen, pero resisten. La incertidumbre es la palabra clave en innumerables conciencias. Todo indica que la magnitud y densidad que cobró el proceso electoral fue solo el principio.

Diversos actores con poder de decisión, tanto en la política como en la economía, ven en la calle a un sujeto de protesta irascible, que empieza a crecer con la velocidad con la que crece el costo de vida. Nadie con dos dedos de frente subestima ese factor. Hasta ahora, solo el colectivo LGBTIQ+ a nivel nacional y ciertos movimientos sociales en el CABA venían con férrea capacidad de movilización y reclamo. En Entre Ríos, los gremios docentes han demostrado lo suyo, aunque en franca decaída en los últimos años. Su estirpe forjada en los ’90 y, principalmente, en el gobierno de Sergio Montiel, les infla el pecho de cara a lo que viene. 2001 es el fragmento de la historia que todos están escudriñando. Las iniciativas del presidente revalorizan esas inquietudes. 

CÓMO POSICIONARSE ANTE EL NUEVO ESCENARIO

El DNU y la llamada “Ley ómnibus” interrogan con fiereza a números actores del campo político no pertenecientes al kirchnerismo o a la Izquierda, principalmente en dos aspectos: cómo posicionarse y cómo justificar esas posiciones. La seducción del poder naciente, la escasez de libertarios para ocupar puestos nacionales y la necesidad de sobrevivencia pueden resolver con facilidad el primer interrogante. Pero, para el segundo, se requiere preparación académica, expertise oratoria y rostro de jugador de poker ante las cámaras.

Aunque suene extraño, nadie cruza el charco sin poder responder ambas preguntas coordinada y satisfactoriamente, salvo que el actor posea la maravillosa virtud de la audacia. El resto de la sociedad, en sus diversos y atomizados segmentos, varían sus posicionamientos en la medida que esos paquetes de leyes tocan sus zonas de confort. Ver el conjunto y la proyección a futuro de lo que todos esos cambios implican queda para los más politizados.

Al intentar observar el cuadro general, el militante, el representante, el periodista o el académico, deben entrecruzar las líneas que emanan de los grandes tópicos de antaño, Política, Economía y Sociedad, en función de una resignificación tan necesaria como urgente. En este contexto, no se puede actuar sin antes entender.

EL APOYO A MILEI

Los poderes que circulan etéreos alrededor de la timba financiera tienen su revival con la vuelta de “Toto” Caputo a Economía. No es ese el quid de la cuestión, pero se le parece. Son esos poderes los principales responsables del endeudamiento con el FMI y del descalabro económico-financiero y nada indica que puedan ser hoy los salvadores. Los pesos baratos y en inmensa cantidad son una inmejorable oportunidad de negocios, por lo que un minúsculo sector de la sociedad, muy activo por cierto, se prepara para apoyar con algarabía a Javier Milei. Están más insertos en las nuevas tecnologías y en redes sociales, muy poco en TV y medios tradicionales. Lo que no pueden asegurar es calle, movilización directa, pero sí cierta ingeniería semiótica de la que la Libertad Avanza se ha servido muchísimo.

Por otro lado, sectores relacionados con los negocios agropecuarios auguran en Javier Milei, en alianza con Macri y Bullrich, una posibilidad de reivindicación de sus valores morales, tanto como de sus pingües ganancias. A veces, parecen cuestiones ideológicas antes que económicas. Solo ven con recelo el sostenimiento “forzado y temporal” de las retenciones. A estos sectores, el futuro les parece promisorio. Fantasean con una lluvia de dólares; con libertad en todos los frentes para comerciar sin que el Estado les retenga nada; con mano dura en las calles; gente sin “planes” saliendo a trabajar por la vianda; fumigaciones con agrotóxicos cerca de escuelas o barrios sin objeciones; permisividad para decidir si blanquean o no a la peonada.

El empresariado entrerriano mira todo el panorama con desconfianza, con temor e incertidumbre. Los más grandes tienen lomo para aguantar, pero no tantos años de ajuste y desierto como pregona Milei. Han sido dos décadas de golpear puertas en despachos peronistas. Cavilan que la lógica provincial no cambiará demasiado con Juntos por Entre Ríos. Generar puestos de trabajo, como la dirigencia política de todos los colores le reclama, no solo depende de acertar las inversiones, los negocios, sino de tener ciertas garantías, previsibilidad y un gobierno local que responda no solo con dinero, sino también con infraestructura, con un estado ágil y con la apertura de mercados en el exterior cuando corresponda. Cada uno de esos puntos son los que Frigerio ubica en su mapa de batalla. Es la política constante y sonante.

LA PROYECCIÓN NACIONAL DE FRIGERIO

En el horizonte de posibilidades de la mayoría de los actores está el posible fracaso de Javier Milei en la presidencia. Eso, en realidad, pasa en el inicio de todos los gobiernos. Pero, con el libertario, las chances de un fracaso parecen más grandes. Las ansias nacionales de Frigerio (¿por qué no decirlo?) dependen en gran medida de ese fracaso, que no necesariamente tiene que ser una salida anticipada, sino un fin de mandato sin logros para mostrar, en decadencia si es posible, como ocurrió con Alberto Fernández.

En efecto, en la combinación de ese prematuro fracaso de la Libertad Avanza con la acefalía del PRO, puede haber un resquicio triunfalista para el gobernador de Entre Ríos. Para presentarse como un líder de proyección nacional desde una provincia tan pequeña, Frigerio debe diferenciarse del gobierno nacional, lo cual quizás sea lo más sencillo, dominar su partido trazando alianzas internas con quienes no ven con buenos ojos las nuevas incursiones de Bullrich y Macri y constituir un discurso original, confeccionado con los puntos sensibles que ni el peronismo ni Milei pudieron tocar, ya sea por olvido o convicciones.

JXC, PRO Y UCR

Si los partidos como movilizadores de pasiones sociales están en franca retirada, su sello y estructura aún sirven para ingresar al sistema y dar la pelea en las urnas. En ese marco un tanto confuso, tal vez beneficiosamente ambivalente, el viejo PRO puede fungir como alternativa a Milei dentro de cuatro años. Mientras Juntos por el Cambio empieza a disolverse, el porteñísimo PRO no está quebrado ni mucho menos. Sus problemas hacen a la conducción, que está en disputa, y al vínculo concreto que establecerán con los libertarios. Llevan más de una década produciendo cuadros técnicos con una línea ideológica clara y perfectamente alineada con los objetivos iniciales del partido. Emanuel Gainza es una muestra clara de esa producción que repercute en nuestro territorio. En cierta forma, también Mauricio Colello. El gobierno de Milei no tiene nada que ver con ellos, pero se les muestra como una oportunidad de recibir insumos (dinero, empleos), algo de poder y cierta influencia en las políticas públicas.

A nivel provincial, el sostén y principal aliado de Rogelio Frigerio, el radicalismo, se encuentra en alerta y se para como opositor frente a la avanzada libertaria. Esto le marcará a Frigerio una tensión permanente a la hora de negociar con el ejecutivo nacional, pero tal vez un respaldo para sus objetivos a futuro. La UCR cobró bastante bien, no tanto en provincia, pero sí en los diversos departamentos. Eso le permite recursos para manejarse y tropa para ingresar en los desvanes estatales. Pero no todo es unicidad en los herederos de Alem e Irigoyen. Hay quienes ya se oponen con dureza a todo lo que haga o pueda hacer Javier Milei en la presidencia y bregan sólo por la unidad provincial; quienes son más pragmáticos y aceptan negociar en todos los frentes; y, quienes, considerándose auténticos radicales, aún ven con cierto desprecio que el gobernador de la provincia sea un “extranjero”.

Si a Frigerio entonces se le alinean los planetas en los próximos dos años, su estadía en Entre Ríos puede llegar a ser corta. Los radicales que completaron los principales puestos de la grilla gubernamental pican en punta, por exposición y posibilidades de acción. Solo la “reforma política” de la que habló uno de los suyos, Julián Maneiro, les genera ciertas suspicacias, atendiendo a un desembarco más fuerte del PRO a futuro. Lo más coherente sería reforzar la UCR local tanto desde lo técnico como desde lo político. Más que una renovación, se necesita un cambio de fachada, una estética nueva y unidades discursivas pulidas de acuerdo con los tiempos que corren. Alocuciones estratégicas antes que aplanadas a los dogmas. Una vieja discusión que se da en los comités entre “los nuevos” y “los viejos”.

PERONISMO Y PJ

En la vereda de enfrente, desde luego, el panorama no es el mejor. La distancia entre el peronismo provincial y su estructura institucional, el PJ, es enorme. El partido es una maquinaria aceitadísima en tiempos electorales, pero su verdadera capacidad de movilización está menguada. Se demostró el pasado 19 de noviembre, pero tal vez antes, el 22 de octubre. Los frizamientos en tiempos de gestión le han hecho mucho daño al PJ entrerriano. Ciertos nombres en las listas, sin recorrido militante, otro tanto. Sus alicaídos liderazgos se terminaron de evaporar ni bien Sergio Massa reconoció la derrota aquel domingo de balotaje. Las perspectivas de construir un referente que ordene y brinde sentido en el corto plazo son muy pocas. Los últimos cuadros políticos que quedaban, aquellos forjados en la JP de los ‘80 y ‘90, han pasado al ostracismo en su mayoría, por derrotados o terminados. Romero o Fuertes, dos de los que ganaron sus territorios, tienen cierta primacía, pero necesitarán más que esa legitimidad de origen para levantar la voz y conseguir que otros los sigan. Las internas que se avecinan parecen prometer un solo sentimiento entre la militancia: desidia.

Para los políticos profesionales, olfatear los cambios de época, y ni que hablar entenderlos, es la clave para permanecer y transcurrir. El treinta por ciento de los votos de Javier Milei en la primera vuelta debería indicarles que el cambio de época es relativo. Pero el fatalismo a veces predomina y muchos entienden que es el cincuenta y seis por ciento el que realmente importa. Desde luego que si la Libertad Avanza consiguiera una estabilidad económica y social en 2024, el cambio de época podría ser más palpable, pero ¿a qué costo? La pregunta correcta no es si la sociedad va a aguantar, sino si los diversos representantes de la misma se mantendrán incólumes a la altura de ese rol. Por debajo de ese escenario, inverna atento el temido monstruo de la violencia social.

(*) Politólogo. FTS-UNER

Artículo de opinión publicado originalmente en Página Política

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